Apuntes sobre la canción: la canción lírica

Por: Mirna Guerra.

La canción lírica es una de las principales formas en que se ha manifestado la canción cubana desde sus inicios. La literatura que agrupa obras comprendidas bajo este rubro presenta un repertorio estilísticamente diverso,  que incorporó los rasgos composicionales de la música llamada culta procedente  de Europa y no fue ajena en su integración a los elementos característicos de la música popular cubana. Tomando esto como premisa puede definirse como canción lírica cubana al híbrido resultante de la interrelación producida entre los elementos de estilo popular y de concierto y que asumió como denominación aquella distintiva de las especies propias del complejo de la canción tales como romanza, lied, chanson, balada, serenata, bolero, criolla, guajira, clave, habanera, entre otras.

La canción lírica cubana surgió y se desarrolló en el siglo XIX y sus principales características fueron determinadas por las diferentes fuentes  que incidieron en su formación: las raíces africana e hispánica de nuestra música. La canción lírica está mayormente relacionada con la música que solía escuchar la aristocracia criolla de la época en las reuniones y salones, que se agrupaba en torno a una forma específica de interpretación llamada canción salonniere y que alcanzó una gran proliferación en la creación musical decimonónica con una mayor repercusión en la esfera de la música de concierto.

El creciente gusto por la ópera italiana y con ello la popularidad del bel canto durante la primera mitad del siglo hicieron que la canción salonniere entrara en una fase de refinamiento y ganara adeptos cada vez en mayor cuantía, apadrinada por una clase social acaudalada que se hizo eco de todas las tendencias románticas al estilo italiano que muy poco o nada reflejaron el sentido nacional. Apartándolas del contexto histórico estas canciones bien podrían formar parte del repertorio lírico de cualquier país del continente. “/…las primeras canciones que llegan a nosotros por vía de la imprenta, están influenciadas por un italianismo tan marcado, que hoy no podríamos aceptarlas como la expresión genuina de nuestro pueblo…/” (1). A este tipo pertenecen las canciones aparecidas en 1829 en la revista La Moda o Recreo Semanal del Bello Sexo, La Mano y Una Verdad, de autores desconocidos.

Casi todas las canciones de la primera mitad del siglo XIX poseían textos con claras implicaciones románticas con el uso reiterado de la temática amorosa. Estructura formal generalmente binaria, dos partes con una introducción y conclusión instrumentales, procedimiento tonal-armónico simple sobre la Tónica y Dominante con ligeros contactos modulatorios a tonalidades vecinas. El fuerte influjo del bel canto se hizo notorio en la construcción de líneas melódicas muy adornadas en aras de subrayar el virtuosismo vocal del cantante.

Con el decurso del siglo, la música fue evolucionando lentamente hasta alcanzar un acentuado criollismo presente en la contradanza y en la canción, marcados principalmente por la influencia de la convulsa situación política que estalló en las gestas libertarias de 1868 y 1995. Muchas canciones de esa etapa se hicieron eco a través de sus textos de los ideales revolucionarios y mostraron una tendencia a la incorporación de los ritmos de la música popular.

A pesar de estos sucesos muchos creadores se mantuvieron al margen y no reflejaron en sus obras estos dos grandes momentos históricos, prefiriendo expresar las corrientes románticas que tardíamente llegaban de Europa. Dos grandes compositores del siglo XIX cubano, Laureano Fuentes Matons (1825-1998) y José Manuel (Lico) Jiménez (1851-1917) fueron abanderados en la creación de canciones de concierto y en especial Lico Jiménez que fue el primer músico cubano en incorporar el lied. La tendencia a imitar las escuelas europeas estuvo dada no sólo por los procesos compositivos empleados, también en la forma de designar una u otra canción, a las que se adjudicaron denominaciones e implicaciones del estilo de la balada, la romanza, el vals de concierto, la barcarola, el lied, entre otras. Estas canciones ejercieron influencias en compositores posteriores debido a su solidez técnica y el resultado estético alcanzado. Ciertamente responden a los cánones románticos de las escuelas europeas alemana y francesa, pero establecieron nuevas pautas dentro de la canción de concierto, lejanas de las versiones de arias operísticas italianas.

Emelina López, El sufrimiento de José Manuel “Lico” Jiménez.

Hacia finales del siglo XIX la canción lírica experimentó un florecimiento que estuvo marcado por el especial significado del teatro como fuente de divulgación y proyección de un alto número de obras, además de convertirse en el espacio donde confluían las dos vertientes creativas dentro de la canción: la lírica y la popular, a partir del cual surgió una línea intermedia de creación situada entre la música de concierto y la música popular: la canción lírica enfocada hacia lo popular. Incorporándose al teatro una variedad de especies cancioneriles provenientes de lo folclórico popular como la habanera, el bolero y la criolla.

La habanera había tenido una gran proliferación con anterioridad en los predios salonescos y por ser un género de gran popularidad trascendió al teatro incluyéndose en un gran número de zarzuelas y repertorio de concierto. Una de las más populares habaneras conocida no solo en Cuba sino en toda América fue de Eduardo Sánchez de Fuentes, definida por Alejo Carpentier como el primer “best seller” de la música cubana.

Los compositores más destacados de finales del ochocientos y primeras décadas del novecientos aportaron un gran número de creaciones pertenecientes a diversas tendencias y estilos. Entre ellos pueden mencionarse a Hubert de Blanck, José Marín Varona, Manuel Mauri Esteves, José Mauri Esteves, Guillermo Tomás, Eduardo Sánchez de Fuentes, Jorge Anckermann y Luis Casas Romero. La mayoría de estos autores fueron representativos del teatro lírico en el plano de la ópera, la zarzuela y especialmente el teatro vernáculo, escenario donde se proyectaron y dieron a conocer infinidad de canciones. El teatro constituyó una de las plazas más solicitadas y gustadas del público cubano y por lo tanto se convirtió para los creadores de la época en un medio que les brindaba el paso a la popularidad.

Ramón Calzadilla, Corazón de Eduardo Sánchez de Fuentes.

Uno de los máximos exponentes de la canción lírica  fue Eduardo Sanchez de Fuentes, en muchas de sus obras asimiló de forma consciente los cambios y aportes de la música popular. Abordó el lied, la habanera, la criolla, la danza, el bolero… Sus canciones reflejaron el momento cumbre en la consolidación y síntesis de los rasgos de criollez y cubanía que se gestaron en el siglo XIX y definieron una de las principales formas de la creación vocal cubana.

Con el avance del siglo XX la canción lírica continuó asimilando los aportes de la música popular y las nuevas tendencias de vanguardia que se abrían con el siglo. Resultó de gran importancia  el estudio del folclore y los temas afrocubanos que se hicieron patentes en la música sinfónica a partir de la corriente afrocubanista iniciada por Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla. De este último fueron representativas en el plano de la canción los Motivos de Son con texto del poeta Nicolás Guillen. A esta corriente de temas afrocubanos se sumaron una serie de compositores que trabajaban el plano musical en una vertiente menos comprometida armónicamente, entre ellos destacaron los hermanos Emilio y Eliseo Grenet.

Los tres máximos representantes del teatro lírico cubano del siglo XX por su extensa producción de zarzuelas Rodrigo Prats, Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig también se sumaron a esta corriente afrocubanista, llenando del colorido rítmico que aportaba el africano la música y los libretos de sus zarzuelas. Estos compositores unificaron en sus canciones la herencia romántica del siglo XIX de raíz hispánica junto a las vanguardia afrocubanista de la primera mitad del XX, aportando un valioso legado musical que aún mantiene su vigencia en el repertorio de la nueva generación de cantantes. Cabe destacar que muchos de los grandes éxitos de estos músicos eran interpretados indistintamente por cantantes populares y cantantes líricos. Entre las canciones que mayor difusión alcanzaron se encuentran Quiéreme Mucho (Gonzalo Roig), Siboney (Ernesto Lecuona) o Las Perlas de tu Boca (Rodrigo Prats), estas se corresponden con esa línea intermedia entre lo popular y de concierto que era más cercana al gusto generalizado del público.

Xiomara Alfaro, Siboney de Ernesto Lecuona.

Dentro de la música de concierto nació hacia 1924 el Grupo de Renovación Musical, compuesto por músicos de estilo propio que cultivaron las nuevas tendencias musicales del momento, ellos fueron Harold Gramatges, Julián Orbón, Gisela Hernández, Hilario González, Virginia Fleites, Edgardo Martín, Serafín Pro y Argeliers León, liderados por el maestro José Ardévol. Todos ellos se convirtieron en verdaderas autoridades musicales con diferentes puntos de vista cuya premisa era la de “1º. Organizar conciertos y conferencias para dar a conocer, cultivar y difundir la buena música, según las más puras tendencias actuales.” (2).

Johana Simon (voz) y Yanet Bermúdez (piano), Miraba la noche el alma de Gisela Hernández.

Los integrantes del grupo dejaron un amplio legado musical que sirvió de guía a las posteriores generaciones de compositores cubanos, que se formaron bajo la égida del principio de una música nacional con el empleo de las técnicas de vanguardia como el dodecafonismo, la politonalidad, el serialismo, etc, y en las nuevas generaciones de músicos bajo la influencia de la música electroacústica. Las canciones escritas por sus miembros son el fiel reflejo de sus propias convicciones en el plano conceptual musical. Este modo de creación sirvió de base para los músicos cubanos que han dedicado la mayor parte de su obra a la música culta y que hoy realizan su labor alrededor del mundo. Un motivo más para continuar estudiando la canción cubana de la actual generación, abanderada de un estilo de creación que sin prejuicios unifica e integra la multiculturalidad que ofrece el mundo globalizado.

Gudrún Ólafsdóttir (voz) con Sonor Ensemble, La ciudad del espejo de Eduardo Morales-Caso.

 

Referencias:

  1. Emilio Grenet: Música Popular Cubana, p.XXV
  2. http://www.ecured.cu/Grupo_de_Renovación_Musical

 

Fuentes:

  • Alfonso, Ma. De los Angeles: Tres décadas de la cancionística en la creación de los trovadores nacionales, Trabajo de Diploma, ISA 1990.
  • Gómez Zoila y Victoria Eli: Música Latinoamericana y Caribeña, Ed. Pueblo y Educación, La Habana 1995.
  • Grenet, Emilio: Música Popular Cubana, La Habana 1939.
  • Guerra, Mirna Ma.: La Canción Lírica Cubana (1800-1925), 1992.
  • http://www.ecured.cu/Grupo_de_Renovación_Musical

 

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