De cerca con Carlos Oliva: Los Sobrinos del Juez (I)

Por: Imilka Fernández.

No hay nada como Miami es el título de su más reciente éxito, un tema lleno de luz, de sabor y de alegría que rinde tributo a la “Ciudad del Sol”, cuna y casa de millones de cubanos que durante décadas arriban a las costas del sur de La Florida para encontrar una mejor opción de vida. Y es que esta canción bien pudiera convertirse en bandera de una sentimentalidad compartida por muchos que camuflan su dolor de ser inmigrantes en la cotidianidad y en ese optimismo básico que caracteriza a los cubanos. El máximo responsable de esta euforia de ritmos que ha puesto a bailar a miles de admiradores es Carlos Oliva, quien esta vez se ha compadrado con Jorge Luis Piloto, otro de los más destacados compositores de este tiempo en Miami, y sus cómplices son los fieles integrantes de Los Sobrinos del Juez, una de las agrupación que lidera desde 1967, una de las más estables en Miami.

Durante décadas Carlos Oliva ha permanecido como un auténtico representante del conocido “sonido de Miami”, el sello que establecieron los músicos cubanos en las primeras décadas del exilio y del que sin duda fue protagonista y parte esencial de esa historia de la música cubana que se erige desde la otra orilla de la isla de Cuba.

Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez, No hay nada como Miami

Carlos Oliva es una de las personalidades más representativas de la cultura de Miami. Durante más de 40 años ha sido voz y portavoz de la identidad cubana en esta región mestiza y multicultural de Los Estados Unidos. Su admirable trayectoria lo hace merecedor de honores y reconocimientos que su comunidad le ha otorgado a lo largo de su carrera artística, pero es además, una de las personas más queridas y respetadas en el ámbito musical de esta ciudad.

Fue un honor y un verdadero placer adentrarnos en la vida de este excelente comunicador que le concedió una entrevista a Worldwide Cuban Music. Y quedas perplejo ante este cubano, natural de Sancti Spíritus, que a pesar de estar afincado en Miami por casi 50 años y de no haber visitado su tierra nunca más, no ha perdido el acento ni el amor por su Cuba. Tiene archivados en su memoria nombres y sucesos que son determinantes para la historia de este gran asentamiento de cubanos en el sur de La Florida. A través de sus ojos pudimos ver parte del Miami de la década de los 70, restaurantes, clubes, y conocimos a Los Sobrinos del Juez, agrupación que lidera y que ha logrado un sello personal y distintivo en el panorama musical de la región.

Carlos Oliva y Los sobrinos del juez, Dos navidades.

Aquí les ofrecemos parte de la entrevista enriquecida con alguna otra información importante (un primer encuentro no es suficiente).

Los comienzos.

Worldwide Cuban Music: ¿Cuándo y cómo llega Carlos Oliva Miami?

Carlos Oliva: Yo llegué en el año 1961, tenía 18 o 19 años. Yo era miembro de la Juventud Católica Cubana, era dirigente de la JCC en la provincia de Las Villas, entonces la Iglesia escogió a unos miembros para sacarlos de Cuba, que estuviéramos en el extranjero y que continuáramos estudiando y preparándonos para que cuando regresáramos a Cuba volver de nuevo a las universidades y seguir haciendo proselitismos e inspirar a los jóvenes a ser cristianos y a ser católicos. Esa era la misión. Estuve 6 meses en Colombia esperando a que me llegara una beca para estudiar en Bélgica y la beca se demoraba, nunca llegó y pedí permiso a Monseñor Eduardo Boza-Masvidal para venir a Miami. Aquí estuve desde 1961 y trabajé entre otras cosas en el campamento “Matecumbe” de la Catholic Welfare a través del programa de Pedro Pan sirviendo como instructor y consejero atendiendo a los niños que llegaban sin sus padres.

W.C.M.: ¿Cómo llegas a la música?

Oliva: Conocí a Julio Gutiérrez, el pianista y compositor (autor de temas como Inolvidable y Llanto de luna) que quería volver a Nueva York, estaba formando un grupo nuevo y me llevó a mí, a Chirino, a Roberto Lozano y a Héctor Fernández que estábamos formando un cuarteto de voces en aquel momento para entretenernos y hacer algo nuevo. Julio se entusiasmó muchísimo con nosotros y nos llevó a todos para Nueva York.

W.C.M.: Pero ¿tuviste alguna experiencia anterior en la música, algún precedente en la familia?

Oliva: No. Mira, mi mamá cantaba, le gustaba mucho los tangos, se los sabía todos. En Cuba yo tocaba tumbadora y en las fiestas del colegio siempre organizaba cosas y tocaba y cantaba, pero era a ese nivel, también con mis amigos Carlos y Rafael Orizondo tuvimos un trío (al estilo Los Panchos) solo para divertirnos en fiestas privadas, nunca trabajé profesionalmente, descargaba con algunas orquestas que iban a Sancti Spíritus que sabían que yo podía tocar la campana y el güiro, (risas), pero nada serio.

Nueva York y el nacimiento de Los Sobrinos del Juez.

W.C.M.: Y se fueron para Nueva York con Julio Gutiérrez…

Oliva: Sí, allí estuvimos trabajando con él. Yo tocaba las congas y Chirino los timbales. Entonces en los descansos, subía al escenario Robertico que era pianista y Héctor que era cantante, y casi al final de su presentación subíamos Chirino y yo y hacíamos el cuarteto, luego se bajaban ellos dos y subía Julio. Tocábamos en un club que se llamaba El Torero en Manhattan donde estuvimos muchísimo tiempo. Viajamos mucho, estuvimos en Puerto Rico donde José Fajardo me hizo una propuesta, pero en ese momento no me fui con él, tuve que regresar a Nueva York con la orquesta de Julio Gutiérrez. Ya para ese entonces, muchos sabían que me iba de la orquesta y aparece un señor que se llama Jorge Anaya, cubano también que tenía un trío en Nueva York, y me hace una oferta muy buena, allí entre tocando batería y cantando. Después que me fui de Anaya, formé un trío con Robertico y con Héctor que le pusimos Five Minus Two y de ese trío es que surge Los Sobrinos del Juez.

W.C.M.: ¿Por qué ese nombre?

Oliva: Bueno, en un comienzo, le pusimos Los sobrinos, pero empezamos a decir, ¿los sobrinos de quién? Y entonces por aquella época había un programa de televisión muy popular donde participaba Sammy Davis Jr, uno de los integrantes del conocido grupo The Rat Pack, que decía una frase con mucha gracia, “Here comes the Judge”, y a partir de ese momento nos convertimos en Los Sobrinos del Juez (The Judge’s Nephews).

En 1967 tocando en Nueva York en un lugar que se llamaba The Pussy Cat apareció un buen amigo para el que ya habíamos trabajado en Miami anteriormente, nos contrató para venir a Miami a inaugurar un nuevo restaurante llamado The Forge donde estuvimos como tres años, ahí fue donde empezó todo. Comenzamos a adquirir un público cubano americano muy especial y esto que te voy a contar tiene una trascendencia histórica porque resulta que los camareros y los que la limpiaban eran gente prominente que había llegado de Cuba, abogados que estaban comenzando su vida en los Estados Unidos, pero que sus hijos iban a la Universidad. Teníamos el público cubano normal y teníamos a aquellos jóvenes que ya salían con las americanitas y que estaban expuestos tanto a la música cubana como a la americana, cuando salían iban a lugares americanos y luego las traían donde estábamos nosotros porque mezclábamos la música latina con la americana. Añadimos a uno más en el trío, Reynaldo Cámara, flautista y saxofonista.

Carlos Oliva y Los Sobrinos del juez, Rock the Boat.

W.C.M.: Pero entonces, ¿qué formato tenía el trío, qué tocaban?

Oliva: Javier Oliva (QEPD), mi hermano, cantante y bajo; Eddy Elmer, pianista y yo en la batería, todos hacíamos voces. Tocábamos de todo, pero hacíamos hincapié en los grupos americanos más populares del momento: Tony Orlando and Dawn, The Fifth Dimension, The Carpenters, etc. pero le incorporábamos la percusión y también hacíamos temas clásicos.

Hay algunas referencias donde se menciona que estando tocando en este prestigioso restaurante de Miami Beach, The Forge, una asidua visitante, la actriz Connie Stevens queda atrapada con la sonoridad y el ritmo del trío y a través de ella los contrataron para hacer una larga temporada en los principales escenarios de Las Vegas, allí tuvieron una gran acogida llegando a actuar en el Mike Douglas Show de la NBC.

W.C.M.: ¿Tenían aceptación con lo que hacían?

Oliva: Fíjate que en El Forges estábamos en un rinconcito en la entrada, tocábamos para los que estaban esperando para entrar al restaurante. Pero el dueño quería conservarlo como un lugar elegante para los americanos, entonces compró otro sitio acá en el Southwest, en Coconut Grove, My Other Place, así se llamó, y nos llevó ahí, mejor para nosotros porque ya no había que ir hasta Miami Beach y luego lo vendió. Después nos quiso llevar a un Country Club y decidimos que no, porque allí no podía ir la gente que nos seguía porque eran lugares de mucho dinero para jugar golf y todas esas cosas. En ese momento Eddy decidió dejar la banda y me quedé yo solo y por eso le puse Carlos Oliva y Los sobrinos del Juez. Trabajamos largo tiempo en el restaurante Don Quijote donde alternamos un tiempo con Willy Chirino.

W.C.M.: ¿Cuándo empezaron a tocar la música propia?

Oliva: Hicimos un primer disco estando en El Forges pero sólo tocábamos temas de la música cubana de siempre y temas donde le hacíamos adaptaciones de letras hechas a melodías populares norteamericanas. Con el dueño del sello Audio Latino, Tomás Fundora, teníamos garantizada la promoción porque escribía artículos en la columna latina en la revista Record World, una prestigiosa revista relacionada con la música y también cabe añadir, que logré conocer muchos temas, que le llegaban especialmente de la música brasileña y otros de gran actualidad. Uno de ellos lo incluimos en nuestro segundo disco, el primero de tres que grabamos con este sello, Glorioso San Antonio, una melodía que estaba inspirada en una procesión religiosa. Su impacto fue de absoluto éxito en nuestros seguidores.

Carlos Oliva y Los sobrinos del Juez, Glorioso San Antonio. Original de Antonio Carlos y Jocaffi.

W.C.M.: ¿Cuándo decidiste agrandar la banda?

Oliva: Con el éxito de Glorioso San Antonio, tuve una crisis por la saturación de trabajo. Paré la banda y me puse a producir. Ahí comienza mi vínculo con Emilio Estefan y Miami Sound Machine. Éramos amigos y siempre Emilio estaba detrás de mí para hacer un disco y yo le dije “te voy a llevar a mi compañía de disco para ver cómo hacemos“. Fundora me dio 2000 dólares para que le produjera el disco. Ya habían entrado Gloria y Mercy en la banda y les hice una audición en el ‘parqueo’ del edificio donde vivía Emilio. Les produje los tres primeros discos. Terminamos el primer tema Renacer, lo llevé para la radio y enseguida se pegó. Entonces Fundora quiso hacer algunas cosas en inglés, pero no tuvo la fuerza suficiente que tuvo Columbia que fue con quien Miami Sound Machine dio el salto. Emilio se fue y grabó un disco con su propio sello que no pegó y aún así, Emilio tuvo la habilidad de firmarlo con CBS, que se lo promocionó por poco tiempo y también sin mayor éxito, pero a partir del segundo disco, ya se logró el gran lanzamiento de MSM. Emilio es un gran empresario.

Miami Sound Machine, Renacer. Producido por Carlos Oliva.

Entusiasmado por esta vertiente de productor, Carlos Oliva funda su propia compañía disquera Common Cause Records (Causa Común) en 1979. Así ha quedado registrado su labor como productor no solamente en Miami Sound Machine sino también en Frankie Marcos y su grupo Clouds, Pedro Tamayo, el grupo Friends, el pianista colombiano Hernán Gutiérrez y William Sánchez, entre otros.

A partir de este momento la trayectoria artística de Carlos Oliva y Los sobrinos del Juez fue en ascenso. Varios discos avalan el éxito como el Caribbean Dance (Macarena) del que vendieron más de 250.000 copias y los llevó a presentarse en importantes ciudades y programas de televisión de Brasil otorgándole además el Disco de Oro por las ventas que sobrepasaron las 300.000 copias. Temas como Pelotero La Bola, Ekelecuá, Dime si te gusto, Vehículo, Yayabo, Rock the boat, Mortifica, Con el bolsillo pelao o El Pescao  le han dado la vuelta al mundo expandiendo esa espiritualidad feliz que tanto atrae al mundo.

Actualmente Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez es una banda integrada por nueve componentes: Camilo Valencia, William Jackson King, Omar Hernández, Richard Bravo, Charlie Santiago, Julio Díaz, Javier Concepción Jr. y Manuel Torres, músicos de alto nivel que forman parte de esa integración de ritmos y de sonoridades que conforman el sello del sonido de Miami, una imagen que transmite el color de la esperanza con esa alegría contagiosa, con la ebullición de ritmos que evidencian una mezcla fértil, creativa y llena de la energía de la vida.

 

Fuentes:

 

Imagen de cabecera: Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez (2015)
Foto tomada de www.facebook.com/CarlosOlivayLosSobrinos

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