Arturo “Chico” O’Farrill, el arquitecto del jazz afrocubano

Por: Imilka Fernández.

Así ha quedado bautizado Arturo “Chico” O’Farrill en la historia de la música y del jazz. Su dominio de las estructuras, su maestría en fusionar elementos de distintos lenguajes, la organización exquisita de los sonidos y los tiempos en partituras de gran densidad justifican y avalan que este compositor cubano sea “el arquitecto del jazz afrocubano”. Cerremos los ojos y visualicemos esto que suena así:

Orquesta de Benny Goodman, Undercurrent blues (1949).

Al más puro estilo norteamericano Chico O’Farrill nos impresiona. La sonoridad de esta excelente banda nos invade y ahí nos hemos quedado en el disfrute de los detalles, de la precisión y del elegante resultado de esta obra magistral, pero ¿quién diría que detrás de ese lenguaje hay un músico cubano? La inmortalidad se tenía que producir desde un sello más personalizado, diferente, lleno de novedad y de riqueza.

En 1948 Chico O’Farrill llega a Nueva York. Una década antes, se habían comenzado a instalar en la ciudad de los rascacielos Frank Grillo (Machito) y Mario Bauzá, los responsables de hacer “comprender al mundo del jazz que es un error añadir simplemente un percusionista latino a una sección tradicional de ritmo de jazz, como con frecuencia era el caso entonces“. En el invierno de 1947, según Marshall W. Stearns, “la poderosa y principalmente rítmica influencia de la música cubana sobre el jazz y, especialmente en el bop, alcanzó su punto culminante con la entrada de Chano Pozo a la escena musical de los Estados Unidos”. Muchos autores establecen como fecha de alumbramiento del cubop el 29 de septiembre de 1947, con el histórico concierto de la orquesta de Gillespie y Pozo en el  Carnegie Hall. Nueva York era entonces un auténtico hervidero de mezclas, de fusiones, de diversidad y color. Por otra parte, las maravillosas Big Band que habían sido tan efectivas en la época del swing (surgidas a finales de los años 20), trataban de adaptarse a las nuevas condiciones del bebop hasta que en la década de los 50 su época de oro se opacaba entre otras razones porque el jazz, en su evolución, perdió el papel de música de baile que jugó en las décadas anteriores.

Chico O’Farrill llega con el propósito de continuar sus estudios de música clásicos en la prestigiosa Juilliard School of Music bajo la atención de Stefan WolpeBernard Wagenaar, entre otros, pero sus ratos libres los dedicaba a la música de jazz. Su marcado interés por la música habría roto las expectativas de haber sido un abogado más en la familia de procedencia irlandesa y alemana que tiempo atrás se había afincado en La Habana, donde naciera Arturo el 28 de octubre de 1921.

Siendo todavía un adolescente lo enviaron a estudiar en una escuela militar en La Florida, Estados Unidos donde comenzó a tocar la trompeta y fue cautivado por la sonoridad de las Big Band. Al regresar a La Habana, comenzó a estudiar trompeta y más tarde composición en el Conservatorio de La Habana bajo la orientación del respetable maestro Félix Guerrero.

Por las noches tocaba en los famosos nightclubs y por su talento y trabajo formó parte de los proyectos más destacados del momento. Según Radamés Giro, hay evidencias de su paso por los cabarets más prestigiosos del momento como el Montmatre junto a destacadas figuras de la música cubana como Armando Romeu, Isidro Pérez, René Touzet, Luis y Pucho Escalante, entre otros. Antes de viajar a Nueva York en 1946, realiza una gira por Bruselas, Milán, Estocolmo y París con la orquesta Havana Cuban Boys dirigida por el pianista cubano Armando Oréfiche.

Chico O’Farrill, Siboney de Ernesto Lecuona. 

Poco después de llegar a Nueva York trabaja anónimamente para Walter Fuller hasta que conoce a Benny Goodman quien lo integra en su plantilla como arreglista. Para él escribió uno de sus éxitos más importantes Undercurrent Blues. Se mantiene vinculado con Machito y Mario Bauzá y sus Afrocubans y escribe para ellos Gone City que llama la atención del productor Norman Granz quien le pide escriba la primera pieza extensa de jazz afrocubano: Afro-cuban Jazz Suite (1950).

Machito y su orquesta junto a Charlie Parker, Afro-cuban Jazz Suite de Chico O’Farrill.

Detrás de este éxito le sucede Second Afro–Cuban Jazz Suite dos años más tarde, iniciando así una de las décadas más prolíferas etapas en la creación de Chico O’Farrill y aunque en su catálogo de obras se recogen otro tipo de trabajos, las Big Band constituyeron el medio expresivo por excelencia de Chico.

Así mismo, a lo largo de su carrera artística han quedado registradas obras que se han convertido en iconos de la expresión más estilizada, elegante e intelectual del lenguaje afrocubano fusionado al jazz que por su actualidad y su alto nivel de elaboración se mantienen en el repertorio de grandes intérpretes del jazz de todos los tiempos. Algunas de estas joyas de su creación son Suite Manteca (1954) y Oro, Incienso y Mirra (1975) para Dizzy Gillespie; Suite Azteca (1959) para Art Farmer; Three Afro Cuban Jazz Moods (1970) para Clark Terry; Suite Tanga (1992) para Mario Bauzá y Trumpet Fantasy (1995) para Wynton Marsalis.

Chico O’Farrill & Afro Cuban Jazz Big Band, Trumpet Fantasy.

También en los años 50 escribe para Stan Kenton y forma su propia orquesta Afrocuban Jazz Orchestra integrada por músicos de élite como Mario Bauzá, René Hernández, entre otros. Con esta agrupación realiza numerosas giras por todo el país, graba y toca semanalmente en el Birdland Jazz Club de Nueva York.

O’Farrill viaja a Cuba, vive en México durante 15 años, regresa a los Estado Unidos en 1965, trabaja como director musical de programas y en la realización de comerciales para cadenas televisivas y trae a sus espaldas un cúmulo gigante de experiencias y de sonoridades que digiere poco hasta volver a alcanzar el éxito en 1995 con la nominación a los Premios Grammy con su álbum Pure Emotion. Poco tiempo después también son reconocidos por la academia dos álbumes más Heart of a Legend (1999) y Carambola (2000) que fueron reconocidos por la crítica especializada como “el renacimiento del genio del jazz americano”.

Chico O’Farrill & His Afro Cuban Jazz Orchestra, Pure Emotion.

Con su brillante orquesta grabó sus últimos discos y se mantuvo activo tocando en el Birdland Club de Nueva York hasta poco tiempo antes de morir en Junio del 2001 a la edad de 79 años. Su orquesta actualmente es dirigida por su hijo Arturo O’Farrill quien es un celoso defensor del legado de Chico O’Farrill y de la fusión entre los lenguajes diversos de la música.

La esencia y el legado de Chico O’Farrill es tan vasto como su música, grandilocuente, integradora, exquisita y visionaria. Es su estilo la combinación de un melodismo romántico de alto vuelo poético y de buen gusto que se contrapone a una vena marcada por la rítmica y la precisión, es su orquesta poderosa que nos habla de la grandeza de su expresión auténtica. Su obra demuestra que su afición por la música más que un capricho era un mandato para que conociéramos de este grande de verdad. Cada partitura es una clase magistral de elegancia y de buen hacer, una obra de arte, bien diseñada y perfectamente construida por este arquitecto de sonoridades.

“I was never an expert on Cuban music. What I did, for example, in that suite was purely instinctive […] They asked me, ‘write a suite, Chico,’ [so] I just wrote according to my best understanding, letting my jazz sensibility to [sic] guide me most of the time.”

Arturo “Chico” O’Farrill

Chico O’Farrill Afro Cuban Jazz Orchestra at Birdland, Tanga Suite: Rumba Abierta.

Fuentes:

Imagen de cabecera: Arturo "Chico" O'Farrill. Foto tomada de www.allmusic.com