Miguel Aurelio Díaz, el “Angá” de la percusión cubana

Miguel Aurelio Díaz Zayas es uno de los referentes obligados de la percusión cubana. Su espíritu inquieto recorre el mundo mostrando el alma rumbera por excelencia. Con pasión se sumergió en mezclas y fusiones que le otorgaron otra dimensión a la rítmica cubana. Con su música se habla de colores, de melodías entonadas en los cueros y de atmósferas ancestrales expresadas en un virtuosismo aplastante. Un maravilloso mensajero del patrimonio cultural cubano con un acento importante en la raza y la religión. De Cuba y para el mundo, Miguel Angá.

Solo de Angá con Irakere (1994)

En un pueblecito rumbero de Pinar del Río, San Juan de Martínez, nace el 15 de junio de 1961. Creció en un ambiente musical, ya que su padre tocaba el saxofón y comenzó sus estudios musicales en la escuela de nivel elemental de Pinar del Río. A los 10 años se traslada a La Habana a estudiar en la Escuela Nacional de Instructores de Artes alternando con otros estudios en la Escuela Nacional de Artes. Desde su llegada, y siendo aún estudiante, participa en grabaciones para música de bandas sonoras junto al destacado pianista y compositor José María Vitier y se inicia como tumbador profesional en Opus 13, una de las agrupaciones más destacadas del momento por su concepto renovador y de vanguardia, liderada por Joaquín Betancourt. En esta banda, que surge del famoso treceto de la ENA, permaneció durante 9 años hasta que Chucho Valdés lo invita a integrar Irakere, todo un honor para Angá.

Su estancia en Irakere, a partir de 1987, le abre las puertas de los festivales y de los clubes de jazz más importantes del planeta y lo lleva a trabajar con estrellas internacionales como Al Di Meola, Chick Corea o Billy Cobham en el Festival de Jazz de Cerdeña. En esta agrupación de estelares de la música cubana y el jazz, Angá se hizo de un nombre y se dio a conocer por su virtuosismo, su versatilidad y por su distinción al tocar con cinco tumbadoras, herencia que decidió continuar cuando ocupó el puesto de Jorge “El Niño” Alfonso.

En 1995 Angá decide iniciar una carrera en solitario como músico y se traslada a vivir a Francia, y aunque viaja con regularidad a La Habana, se sumerge en un mundo de diferente sonoridad y concepto, un mundo diverso que bien supo su talento aprovechar. A partir de este momento su apretada agenda estuvo compartida entre las presentaciones con grandes de la música de calibre internacional como Steve Coleman y una labor docente muy importante, cargada de seminarios y clases magistrales que dieron vida unos años después a “Angá Manía”, un video educativo donde explica muchas de sus técnicas y su filosofía de toque. Esta propuesta, avalada en su excelente y consolidada práctica y por su labor docente en universidades norteamericanas y europeas, ganó en el año 2000 el premio “Percussion Video” de la prestigiosa revista Drum Magazine.

Solo de Angá para el video “Angá Manía” (1999)

Sus colaboraciones con músicos de diferentes conceptos estilísticos como Roy Hargrove, Gonzalo Rubalcaba, Danilo Pérez, Paquito D’Rivera, John Patitucci o Herbie Hancock, entre muchos otros, le acreditan su mente abierta a las fusiones y a las conexiones con las músicas del mundo y sus diferentes expresiones. Durante sus años en París, Miguel Angá Díaz trabaja también con Ry Cooder, Buenavista Social Club, Joshua Redman y produce algunos proyectos de terceros, como el último disco de Cachaíto López, además de convertirse en artista exclusivo de la discográfica World Circuit.

Indiscutibemente, el estilo de Angá establece una conexión directa con Cuba y en especial con el conguero mayor de la isla de todos los tiempos, Tata Güines, a quien considera su mentor y guía espiritual. Miguel Angá representa a una generación más joven, formada en el mundo de las influencias, abierta a las integraciones y con una técnica exquisita. De Tata Güines absorbió el poderoso sentir de los rumberos cubanos, la savia, la riqueza de la rítmica y de la polirritmia cubana, el colorido de los tambores y con un estilo de percutir auténtico de alto valor musical que es la esencia de la percusión cubana. Angá le otorgó a ese cúmulo de aportaciones el ser poseedor de una mente abierta a las influencias, a las sonoridades, al experimento y a la investigación empírica. Su virtuosismo natural le permitía sobredimensionar lo aprendido y darle un sello especial.

En 1994, Miguel Angá es el productor y artista invitado de “Pasaporte”, un disco realizado por Tata Güines, cuya grabación obtiene el premio al Mejor Disco del Año otorgado por la EGREM.

Tata Güines y Angá, “Rumbera“. CD Pasaporte (1994)

Un año más tarde participa en la grabación de “Habana“, un álbum del aclamado trompetista norteamericano Roy Hargrove, quien consigue su primer premio Grammy en la categoría al Mejor Álbum de 1995.

En 1996, Juan de Marcos González lo invita a participar del proyecto mundialmente conocido Afro Cuban All Stars. Angá se sintió más que satisfecho de poder regresar a sus raíces y su tradición. De esta idea surge el disco “A toda Cuba le gusta“, rápidamente agotado en las ventas. En 1999 participa en la segunda grabación de este proyecto, “Distinto, Diferente” y continuaron en su haber otras propuestas como las del destacado pianista Rubén González, Cachaíto, Ibrahim Ferrer o Ray Cooder, con estos dos últimos se alcanzaron galardones en los premios Grammy. En el 2000 participa en el primer álbum del grupo cubano radicado en París Orishas.

En el 2003 decide llevar una vida más tranquila y se muda a San Sadumi d’Anais, un pueblo de Barcelona. Allí se conecta con otro de los grandes de la joven generación de pianistas cubanos Omar Sosa. Con él participa de conciertos y giras internacionales.

En 2004 sale a la luz su álbum en solitario “Echu Mingua“, una misa ancestral dedicada a su santo de la religión yoruba, una joya en la discografía de la música cubana. Para ello invitó a muchos de sus colegas cubanos que intervinieron a lo largo de su trayectoria profesional, Chucho Valdés, Rubén González, Cachaíto, Pla, todos de alto poder creativo y virtuosos de nuestra música.

La brillante carrera de este excelente músico fue interrumpida por la muerte. Un infarto le llevó la vida a los 45 años de edad. Su espíritu inquieto, atrevido, desprejuiciado quedó suspendido en el aire, pero la herencia de su música es bebida por admiradores y seguidores de su talento, su virtud y de su visionaria postura ante la música. Sus hijas, el dúo Ibeyi, son continuadoras de esta vertiente de fusión y del mágico encuentro entre las culturas.

Desde la tradición más auténtica, su grandeza es reconocida en el mundo entero como el incansable innovador, el aglutinador de ideas, el amante de las libertades y el músico sin límites que no dejaba de sorprender con su creatividad.

Angá con Tata Güines

 

Fuentes:

Imagen de cabecera: Miguel "Angá" Díaz. Foto tomada de www.commons.wikimedia.org

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