In memoriam: Cecilia Arizti

Por: Mirna Guerra.

El pasado 30 de junio recordamos a la destacada pianista y compositora Cecilia Arizti Sobrino, una de las figuras más relevantes de la cultura cubana del siglo XIX, en el aniversario de su fallecimiento. Ella fue admirada por todos los grandes del arte y la literatura de su época y a la vez un tanto desconocida o quizá ignorada por los intérpretes actuales. En el círculo social en que se desempeñó contó con la amistad y el elogio de lo más valioso y destacado del mundo intelectual del momento, músicos, literatos y críticos, entre los que figuraron Nicolás Ruiz Espadero, Manuel Sanguily, Miguel González Gómez, Anselmo López y Serafín Ramírez, por solo citar algunos.

Así le veían sus contemporáneos:

“/…/ mujer de poderosa fantasía que produce obras varoniles. Hay composiciones de Cecilia que son delicadísimas y tiernas, casi empapadas de lágrimas, otras exhalan una melancolía infinita…”

Sanguily, 1893 (1).

“/…/ bastaba agregar un nombre de mujer para desvanecer toda duda de su legítimo derecho a participar como cualquier otra en el concierto universal de las naciones. Ese nombre es el de Cecilia Arizti brillante pianista, cultísima e inspirada compositora…”

Tomás, 1914:172 (2).

Reveire op. 16 de Cecilia Arizti.

La personalidad musical de de Cecilia Arizti y su proyección social encarnó en sí misma las contradicciones que se operaban en los conceptos éticos de su época, en que los prejuicios sociales reservaban para la mujer el claustro hogareño, la actitud servil hacia el marido y ante la sociedad. La educación destinada para las labores manuales y domésticas, así como una pequeña instrucción en el conocimiento de las artes. Cualidades estas que podrían propiciarle a las “señoritas” de entonces el logro de un buen matrimonio que garantizara un futuro económico estable y seguro. Esto, claro está, sucedía con frecuencia en el círculo de la burguesía criolla, ya que para el resto de los sectores sociales las condiciones de la mujer eran aún más limitadas y repudiables.

No pocas fueron las cubanas que en su empeño por conquistar un estadio intelectual elevado se aferraron al cultivo de las artes y lograron un reconocimiento a sus obras. Tal fue el caso de la conocida poetisa y escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, la soprano y cronista Mercedes de Santa Cruz y Montalvo “Condesa de Merlín”, Juana Borrero en la poesía y la pintura y en la música la Cecilia Arizti.

Cecilia Arizti nació y creció en el seno de una familia donde las inquietudes artísticas no eran desconocidas. Su padre fue un destacado pianista, pedagogo y también compositor de mérito, quien la inició en los estudios musicales que posteriormente continuó con Francisco Fuentes y luego bajo la égida de Nicolás Ruiz Espadero. Con solo ocho años ya daba muestras de su talento creador con la composición de un Ave María y una Mazurka, talento que se manifestó en ascenso a lo largo de toda su vida.

La sólida formación académica recibida del maestro Espadero, propició que en sus obras primara un estilo depurado, un perfecto equilibrio entre el lenguaje y la forma musical y una excelente factura armónica, lo cual ponía en evidencia el dominio técnico que poseía en materia de composición. Su catálogo estuvo conformado por diversas creaciones en su mayoría escritas para el piano (instrumento favorito de la artista), el cual ejecutaba con destreza y maestría, aunque no descuidó el trabajo con otros formatos como la música de cámara con obras para violín y piano y un trío para piano, violín y violoncello. La estética romántica que primó en la segunda mitad del XIX se reflejó en sus obras y estuvo presente en una particular forma de expresión de la música instrumental “la miniatura pianística”.

Madeline Lu, Nocturno op.13 de Cecilia Arizti.

Las obras de Cecilia Arizti fueron interpretadas en las tertulias que se llevaban a cabo en salones privados, estos salones fueron el marco propicio para la celebración de reuniones regulares de escritores, artistas y críticos con los miembros de las clases superiores en los hogares de la aristocracia criolla. El salón de la familia Arizti, ubicado en la barriada del Cerro, fue pródigo en sus tertulias al contar con la presencia de los mejores representantes del mundo musical y literario cubano, en este se dieron a conocer figuras como el maestro Nicolás Ruíz Espadero y la propia Cecilia, quien tuvo la oportunidad de hacer admirar sus dotes de brillante pianista y compositora. Gran parte del éxito de la Arizti se debe al hecho de haber conjugado una sólida formación académica con la espiritualidad y delicadeza del alma femenina.

Nunca abandonó los rigores técnicos y los patrones artísticos de la música europea. La tendencia a adoptar rasgos europeizantes se aprecia no solo en los procedimientos compositivos empleados sino en la forma de designar las obras, a las que adjudicó las denominaciones e implicaciones del estilo de la balada (Balada Fúnebre), la romanza (Romanza Romántica para violín y piano), gran vals de concierto (Vals Lento op.8 y Vals Brillante op.18), barcarola (Barcarola op.61), scherzo (Scherzo op.10) entre otras.

Entre sus obras merece una especial mención el Trío para piano, violín y violoncello, estrenado el 20 de noviembre de 1893, en el salón del editor Anselmo López en unión del violinista Rafael Díaz Albertini y el cellista Rafael Ortega. Esta obra está considerada como una de las mejores de su tipo producidas en Cuba en el siglo XIX y está calificada por sus contemporáneos como un trabajo “grandioso” y “colosal”. En ella se manifiesta una gran calidad sobre todo el tratamiento de la estructura y el equilibrio del conjunto instrumental. El Trío “/…/ constituye la primera obra del género cameril escrita en Cuba por una mujer, y por tanto, una valiosa contribución a la música de cámara en Cuba; género que fue bastante exiguo y dominado casi totalmente por hombres, tanto en el terreno creacional como el interpretativo /…/” (Valdés, 1991:35).

Nocturno de Cecilia Arizti. Obra para piano

Nocturno de Cecilia Arizti. Obra para piano

Además de compositora Cecilia Arizti destacó como una gran pianista, aunque no fue dada a mostrar su arte ante un público numeroso, prefirió el marco de los salones para sus conciertos y demostraciones, entre ellos su propia casa. En 1896 se presentó en algunos escenarios de Nueva York como el Carnegie Hall y el Chickering Hall. Conciertos destinados a reunir fondos para la Guerra del 95. Si bien sus composiciones no muestran rasgos de tendencia nacionalista, su pensamiento e ideología abrazaron los ideales independentistas generalizados en la sociedad civil decimonónica.

Cecilia continuó la tradición de su padre relacionada con la docencia musical, destacó como profesora de piano y dejó escrito un manual de técnica pianística con ejercicios diarios para el aprendizaje del instrumento. Impartió clases en el Conservatorio Peyrellade y también en su Casona del Cerro. La familia Arizti puede considerarse como precursora en la sistematización de la enseñanza musical cubana.

Cecilia Arizti representa la figura cimera de la composición femenina del siglo XIX cubano. Con su obra de sólida elaboración e inspirado gusto logró imponerse en los círculos sociales más selectos de su tiempo y reservar así un lugar elevado para la mujer en la cultura artística y musical del país, dejando un valioso legado para la creación pianística cubana.

 

Referencias:

  1. Manuel Sanguily: Hojas Literarias (1893).
  2. Guillermo Tomás: Mujer y Arte (1914).

 

Fuentes:

  • Barnet, Miguel: Cecilia Arizti, la Avellaneda de la música en Autógrafos Cubanos, Ediciones Unión, La Habana 1990.
  • Guerra, Mirna M: Cecilia Arizti, una mujer para el arte, CICMUC, La Habana.
  • Sanguily, Manuel: Hojas Literarias, Año I, Tomo II, No. 4, La Habana 1893.
  • Tomás, Guillermo: Mujer y Arte La Habana 1914.
  • Valdés Cantero, Alicia: Mujeres Notables en la Música Colonial Cubana, CICMUC, La Habana 1991.

 

Imagen de cabecera: Retrato de Cecilia Arizti
Tomada de wwww.ecured.cu vía es.wikipedia.org