Jueves de antaño: Mongo Santamaría, una leyenda que vive

“I wanted to do something that sounded like home”

Con estas sencillas palabras, Ramón Santamaría Rodríguez “Mongo Santamaría” hablaba de su esencia. La finalidad de su música perseguía una sonoridad y un recuerdo, posiblemente ubicado en Cuba, en Jesús María, barrio marginal donde creció y disfrutó de una tradición pegada al tambor, a la religión, a la calle y de donde este grande de la percusión cubana bebió infinitamente. Pero seguramente esos tambores también le llegaron desde lejos, desde el Congo, de donde vendría su abuelo para ser esclavo en la isla y que también llenó su cabeza de sonidos cargados de significados y colores y que tiempo más tarde, magistralmente divulgó alrededor del mundo.

SUS INICIOS EN CUBA

El nombre de Mongo Santamaría, (La Habana, abril 7/1917- Miami, feb. 1/2003) es, para gloria de la música toda, una referencia inevitable de la percusión cubana. Desde pequeño sabía que lo suyo era tocar el tambor y tuvo la suerte de pertenecer a una familia de músicos empíricos, cantantes y tamboreros que le apoyaron en el aprendizaje y en el dominio de estos instrumentos.

En su etapa en Cuba, ya siendo músico profesional, participó en numerosas agrupaciones que poco a poco le fueron dando sitio entre los percusionistas más destacados del momento. Algunos nombres de estas agrupaciones son El Conjunto Boloña, Lecuona Cuban Boys, con quien pudo participar en la grabación de su primer disco, Conjunto Matamoros, Segundo Grupo de Arsenio Rodríguez, entre otros. Cada agrupación con su estilo y su sello, pero en cada una de ellas Santamaría ponía su “toque” personal.

En el prestigioso cabaret Tropicana llegó a tocar con Chano Pozo como integrante de la orquesta de Armando Romeu. A partir de este momento, su trayectoria no se detendría. Conjuntos, Septetos de Son fueron la selección perfecta para completar la savia de la que saldría todo su estilo y técnica. Luego, de carnaval en carnaval, se reuniría con otros percusionista a arrollar las comparsas y vivir el ambiente festivo musical por excelencia de aquellos años. Junto a él, tocaban otros amigos que se convirtieron en referente cubano poco tiempo después en los Estados Unidos: Patato Valdés y Armando Peraza.

EL CAMBIO A NORTEAMÉRICA

Como parte de la orquesta de Tropicana y ubicado en un espectáculo a México, decide instalarse allí como lo hacían muchos músicos de su tiempo y llega a tocar con Pérez Prado y Benny Moré. Fue precisamente en esta última orquesta, donde conoce a Clemente Piquero “Chicho”, otro percusionista cubano y cuyo estilo le hizo replantearse el papel de la percusión en las orquestas populares cubanas.

Mongo Santamaría pertenece a la segunda oleada de percusionistas cubanos que llegaron a Nueva York en 1950. Su nueva idea de reestructurar y diseñar un estilo propio en la utilización de la percusión cubana entroncaba perfectamente con la realidad que desde unos pocos años antes se vivía en la música que se producía y vendía en Nueva York, después de la llegada a esta ciudad del rumbero cubano Chano Pozo.

“El ritmo que produce la conga organiza toda la percusión de una banda, a partir de lo cual se pueden experimentar melodías y contramelodías”. “Creo que la percusión es la base de donde salen las cosas”

Ya en Estados Unidos, Mongo toca con Gilberto Valdés, nuevamente forma parte de la orquesta de Pérez Prado y y finalmente con la de Tito Puente, donde permaneció durante 7 años. Una vez metido en la línea del jazz afrocubano tan popular en esa época, forma parte del grupo de George Shearing y después del vibrafonista Cal Tjader. Con su orquesta propia acompaña a La Lupe, una de sus cantantes favoritas y emprende proyectos de formatos novedosos para la época como las pequeñas formaciones de trío de metales, piano, bajo, percusión y batería, en una época de predominio de las jazz band.

EL LEGADO DE MONGO

Mongo Santamaría, quizás sin la teatralidad a la que Chano tenía acostumbrado al público newyorkino, centró toda su fuerza en lograr una sonoridad propia, con una fusión de los estilos y géneros cubanos, perfeccionó y profundizó en la introducción de los ritmos afrocubanos con una naturalidad y utilizando elementos tímbricos de color al utilizar varias tumbadoras en su set. Su creatividad queda altamente demostrada en la gran cantidad de música que forma parte de su catálogo de obras y la calidad se hace indiscutible al ver la cantidad de destacados intérpretes del jazz que versionan y recrean su trabajo.

En 1959 grabó Tambores y cantos, que contiene el tema Afro blue, que con el paso de los años se convirtió “en un himno del jazz de todos los tiempos“, según sostiene Nat Chediak, autor del Diccionario de Jazz Latino.

En 1960 viajó a Cuba para grabar dos discos que se transformaron también en joyas de la música afrocubana: Mongo en La Habana, con Carlos Embale y Merceditas Valdés, y Sabroso, con el tresero y compositor Andrés Echeverría, El Niño Rivera.

Su larga carrera discográfica (50 discos), testimonia la actividad musical que este gran percusionista realizó a lo largo de su carrera profesional. Trabajó con leyendas del jazz estadunidense, como: Chick Corea, Herbie Hancock, el flautista Hubert Maws, Dizzy Gillespie, el trompetista Marty Seller, entre otros músicos que hoy todavía le rinden tributo a este conguero cubano que fue el artífice de la fusión de los ritmos rhythm & blues y la música afrocubana, reconoció la conexión de la música cubana a las raíces africanas y colocó a las congas en un instrumento indispensable para la determinación del jazz latino.

En 1977 Mongo Santamaría recibe el premio Grammy americano a “Mejor Grabación Latina” por la obra Dawn.

(Aquí les regalamos una de las piezas emblemáticas, standard del jazz, creada por Herbie Hancock pero que toda la percusión fue realizada por Mongo Santamaría y fue el primero que la grabó. Estuvo durante dos meses en lo máximo de las preferencias del público.)

En 1999, La compañía Rhyno Record, con sede en Los Angeles California, reconociendo su aportación al Jazz-Latino lanzó al mercado el “box set” (CD) Skin On Skin: The Mongo Santamaría Anthology (1958-1995), el cual incluye 34 de sus piezas más exitosas (de sus álbumes de rumba, de su LP con La Lupe y sus proyectos en la fusión del Jazz con lo Latino) y una extraordinaria literatura sobre su trayectoria escrita por el actor Andy García, por el músico Poncho Sánchez y otros conocedores del genero del Latin Jazz tales como José Rizo, Luis Tamargo, Joel Dorn y Miles Pelich.

El mítico músico se sintió sumamente honrado y agradecido por la distinción que le hizo Rhyno al introducir mundialmente está histórica antología. Tal como aparece reseñado en la conversación con Jaime Torres, Mongo expresó:

“Este es el fruto de muchos años de trabajo, música hecha con gusto y con amor”

 

Fuentes:

Imagen de cabecera: Ramón "Mongo" Santamaría. Fotografía tomada de www.popuheads.com