Desde el amor más puro: las canciones infantiles cubanas (I)

Por: Imilka Fernández.

La infancia es uno de los momentos más tiernos que vivimos en nuestra existencia y ahora que muchos somos papás sabemos por experiencia que con nuestros hijos revivimos a ese niño que todos llevamos dentro, aunque desde una perspectiva diferente.

La niñez es un recuerdo que siempre vuelve. Si ha sido buena, nos asomará a una ventana maravillosa desde donde podremos contemplar y acariciar el mundo con una perspectiva noble y optimista; en cambio, la tristeza y la desesperanza nos rondará eternamente si nos ha tocado vivir la peor parte en nuestros primeros años.

Para muchos de los que crecimos en los años 70-80 podemos recordar una infancia llena de cantos. Muchos de los juegos que hacíamos con los amigos del barrio, en el patio de la escuela, estaban relacionados con canciones e historias y recuerdo esta etapa de mi vida con recuerdos muy felices. Con la ingenuidad de esos años aprendíamos unos de otros un amplio repertorio de melodías, ritmos, bailes y poesías que quedaron grabadas en nuestra memoria de la manera más encantadora posible. Hoy todos los que somos padres o educadores recordamos esas canciones a nuestros hijos o alumnos y otra vez, sin quererlo, nos vamos convirtiendo en embajadores de una parte imprescindible del acervo popular tradicional de Cuba.

Con esta publicación queremos volver a nuestra memoria infantil, los invito a viajar en el tiempo y a regresar a momentos especiales desde las canciones con las que aprendimos a ser mayores sin serlo y a mantenernos en el límite entre lo real y lo maravilloso.

Consuelito Vidal, Barquito de papel. Enriqueta Almanza. 

Mucho aportaron a esta magia personajes animados como los de Amigo y sus amiguitos, Pepe Pan, Maconcha, Míster Don Todomío, la fantástica banda de Los Yoyos, Caritas, Alegrina y Tristolino que acudían a la cita televisiva de las 7 de la tarde, pero indiscutiblemente la intervención de grandes autores como Enriqueta Almanza, Teresita Fernández, María Álvarez Ríos, Elsa Hernández, Carlos Ansa o África Domech fue determinante para otorgarle a todos estos proyectos infantiles un toque especial lleno de ternura y amor, con una buena dosis de humor, de entrega y con un nivel musical increíble.

Gracias a estos autores en el cancionero infantil cubano quedaron registradas auténticas obras que cumplían cabalmente su misión de educar, de inculcar a los niños importantes valores de contenido social, ético y cultural desde la utilización de melodías, ritmos y géneros que poco a poco se incorporaban y se convertían en esenciales para desarrollar una musicalidad especial y un gusto musical diverso. Ciertamente, hay en estas canciones infantiles un nivel de simplificación y síntesis evidente dirigido a conquistar a los más pequeños de la casa, pero esa base mínima esencial de los elementos musicales hacía un importante trabajo para despertar el interés y el amor por la música.

En este repertorio se pueden encontrar obras de diferente género como son las Nanas o Canciones de Cuna, tiernas melodías llenas de sencillez y de reiteración, en tonos cómodos y de estructura rítmica tranquila, de suaves movimientos y con una letra que parece pertenecer a la eternidad. La función de estas canciones es adormecer o calmar al bebé y a veces, no se hace imprescindible vocalizar el texto, con sólo un susurro de la melodía, el objetivo puede cumplirse.

Se pueden recordar Señora Santana, Arrorró mi niño, Los pollitos dicen como tres de las legendarias del cancionero infantil que se cultiva en Cuba. Tan antiguas como vigentes, se han convertido en las primeras canciones que escuchan los niños al nacer. Constituyen, junto a otras como Duérmete niño, la tradición más auténtica de la isla, aunque no hay dudas de que son cantos que se interpretan en casi toda la América hispana y que representan la herencia que se conserva de los romances traídos por los españoles a nuestras tierras. Romances que han sido incorporados a nuestra expresión y que forman parte de nuestra propia tradición de antecedente hispano.

Sus melodías, y en ocasiones hasta sus versos, se han ido modificando y adaptando según las referencias sonoras del momento histórico que, sin lugar a dudas, se someten las diferentes entonaciones del lenguaje según la zona geográficas donde se cantan. El sistema de aprendizaje de estos cantos es muy sencillo; usualmente se transmiten de manera oral y de generación en generación, donde la única regla que predomina es la repetición de un hecho sonoro con una funcionalidad altamente probada.

Mi muñeca negra, de Gisela Hernández y el regalo de Eliseo Grenet, Drume Negrita, son dos ejemplos de canciones de cuna algo diferentes y que me gustaría detenerme en ellas pues tiene un valor añadido al incorporar otra parte importante de nuestra identidad, la presencia de lo negro.

Pancho Céspedes y Gonzalo Rubalcaba con Ignacio Villa “Bola de Nieve”, Drume Negrita.  

Indiscutiblemente no son canciones que recogen la tradición africana de cantos, ni han sido transmitidos de manera oral por nuestros antecesores como en los ejemplos anteriores. Son estas canciones nacidas en el contexto cubano, con los códigos musicales de cubanidad y creadas por compositores que nos acercan a lo negro desde distintas perspectiva. En la primera, Gisela le canta a una muñeca negra, la linda y preciosa Leonor con todo el amor más intenso y tierno que puede existir; en la segunda, el ritmo, además del texto, nos acercan a la raíz africana haciendo hincapié en los patrones cubanos de la conga. Evidentemente, dos joyas de nuestro cancionero.

Las rondas que siempre cantábamos desde que comenzamos en el Círculo Infantil y en los primeros años de la escuela. Fueron también parte importante de nuestra infancia, Canciones como A la rueda rueda, El patio de mi casa, Mambrú, Naranja Dulce, Al ánimo, Arroz con Leche o Los pollos de mi cazuela.

Muchas no son de factoría cubana y ni tan siquiera podemos ubicarlas en una época determinada, parecen tan antiguas que tienen sensación de eternidad. Algunas de ellas tienen la esencia de los romances que llegaron hasta las regiones de la América hispana y que aún en nuestros días, se continúan cantando en la Madre Patria como Mambrú; otras sin embargo, suenan con más sabor a Cuba como Los pollos de mi cazuela.

La calabacita es otra de las canciones que representa toda una generación de cubanos en los que la televisión con su dibujo animado entraba a nuestras casas antes del noticiero para así invitarnos al sueño. Linda la Calabacita con su almohadita de polvos mágicos, que con seguridad muchos de nuestros padres hubieran deseado que tuvieran mejor efecto en nosotros, pero que también nos expresaba una dulzura con su melodía y sus imágenes poéticas.

Más de media centena de canciones formaron parte de la banda sonora de la infancia cubana entre las décadas 70-80, años en los que la televisión con sus programas de la tarde tuvieron mucho que ver con la promoción de las canciones infantiles y quizás sea esta la causa fundamental de que hoy, para los que vivimos la niñez en aquella época, sean estas canciones un recuerdo maravilloso en nuestras vidas.

Gracias a programas como Caritas, Amigo y sus amiguitos, Tía Tata cuenta cuentos, con su fabulosa banda de Los Yoyo, se dieron a conocer impresionantes canciones de una diversidad de géneros, melodías y temáticas que hacen que el catálogo de estas obras sea de una riqueza indiscutible.

A través de estas creaciones llegaban las primeras audiciones en ritmo de son, conga, guarachas o canciones de estilo más cantábiles. Conocimos historias fabulosas de animalitos que cobran vida en el mundo animado de un niño como La mona Jacinta, La pavita pechugona, La gatica Mini, El gato andaluz, El zunzuncito, Vinagrito, El cangrejito enamorado, Rima Rimando, Dónde está mi cutara? o La caña baila.

Aurora Basnuevo, Juan me tiene sin cuidado. Enriqueta Almanza.

Este es sólo un primer acercamiento al maravilloso mundo del cancionero infantil de Cuba. Prometemos más comentarios, análisis, videos, canciones y especialmente versiones que hemos tratado de adaptar para que estas canciones no mueran porque además de recordarnos una época, son canciones que fueron creadas, cantadas y animadas con toda la inocencia con que fueron recibidas y son parte de nuestra memoria. Esperamos las disfruten.

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