El padrino de la música cubana: Cristóbal Díaz Ayala

Entre libros y discos, transcurren sus días y sus noches. Con lápiz o con tinta, una anotación tras otra queda registrada en innumerables folios que improvisan una libreta. Por muchos años, ha sido fiel seguidor de una rutina que se ha convertido en su método más efectivo, un método con el que le demuestra al mundo la grandeza de su amor.

Entre la pasión y la mesura, la inteligencia y el instinto, Cristóbal Díaz Ayala organiza su discurso, compone sus libros y deja explícito varios capítulos de la historia de la música cubana que se consideraban perdidos. Son las páginas de sus libros una auténtica fuente de rescate de nombres de músicos, de agrupaciones, de lugares y de acontecimientos que, gracias a su infinita bondad, se burlaron de las fauces del olvido.

Cubano de nacimiento. Natural de La Habana. Nació el 20 de junio de 1930, una suerte especial de vivir los años de gran esplendor de la música cubana y la época de definición de muchos rasgos de identidad de la expresión nacional. Como parte de un diseño perfecto, su infancia estuvo permeada de canciones y músicos que sin dudas fueron estimulando su curiosidad por la magia del sonido. Matamoros, Sindo Garay, la Banda Municipal, dirigida por Gonzalo Roig, que hacía la retreta los domingos en el parque Maceo, la radio, fueron audiciones aleatorias que, sin premeditación, se colaban en su memoria haciendo estragos por convertir su interés en afición.

La diversidad musical de su entorno fue propiciando, en el joven Cristóbal, una percepción auditiva totalmente abierta y desprejuiciada. A los 16 tuvo un programa de radio que permaneció al aire por espacio de un año, con su música preferida en aquel entonces; luego se afilió a los conciertos clásicos de la Orquesta Filarmónica de La Habana. Ya era un joven cuando entra en el año 47 a la Facultad de Derecho y de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana, todo un aficionado aventajado con un amplio espectro de las sonoridades de su tiempo. Sin lugar a dudas, esta variedad e interés por la música toda, le aportó una de las virtudes más importantes para la realización de su obra futura.

Se gradúa en Derecho y en 1950 se matricula en la Facultad de Periodismo, carrera que quedó truncada al marcharse de Cuba en 1960.

Cristóbal Díaz Ayala con su esposa Marisa e Imilka Fernández de WCM

Cristóbal Díaz Ayala con su esposa Marisa e Imilka Fernández de WCM

Su primera parada la realizó en la ciudad de Miami donde permaneció durante un año y después se establece definitivamente en Puerto Rico, lugar de amplia tradición musical y el que considera como su segunda patria. Hasta ese momento su afición por la música seguía ferviente. Al llegar a la ciudad de San Juan y percatarse que muchos boricuas eran grandes conocedores y amantes de la música cubana, decide, “por vergüenza”, profundizar en todos los detalles de nuestra música desembocando en una labor titánica de recuperación del patrimonio musical de la isla de Cuba. Surge entonces la propuesta de editar varios volúmenes sobre la historia y trayectoria de varias generaciones de músicos cubanos, expandiendo luego su interés por la música de toda latinoamerica.

Resumir o tratar de sintetizar la importancia de la obra del maestro Cristóbal Díaz Ayala es algo delicado para proponer en este pequeño homenaje. Son tantos los elementos a tener en cuenta que se puede escapar alguno; nada más lejos de nuestra intención. Pero a grandes rasgos se pudiera comentar que a partir de su minuciosa e incansable labor de investigación, se pueden rediseñar muchos capítulos de la historia de la música cubana. Su Cuba musical narra una historia nueva llena de anécdotas y de referentes que la hacen una Cuba inédita, por primera vez el aporte de su información, altamente contrastada, está sólidamente asentada en la utilización de una vasta discografía, que es la mejor evidencia de la música cubana de todos los tiempos.

A través del análisis de canciones y textos, de rimas y pregones, Díaz Ayala nos regala no sólo un acercamiento a la música de cada momento, sino que también nos lleva de viaje por la Cuba de siempre, con sus contextos sociales, sus acontecimientos políticos y otros detalles de tipo económico y cultural también importantes para la caracterización de las expresiones musicales. Otro elemento a destacar es la magnitud de su trabajo, el maestro Cristóbal reubica a esa pequeña islita en el enclave del Caribe, bordeando y extendiendo su conexión con el resto de Latinoamérica, al mismo tiempo que dimensiona la participación de los músicos cubanos y de su música alrededor del mundo, especialmente esclareciendo las oleadas migratorias del talento cubano hacia otras regiones como Estados Unidos.

Muchas cualidades se le pueden atribuir a este sabio de la música cubana, cualidades que se han convertido en virtudes que le han facilitado la realización de esta gigantesca labor y que hoy son un referente para todo investigador. Cinco de esas cualidades le han permitido organizar todo el material acumulado a lo largo de estos años: su extrema organización, su infinita paciencia, su profunda concentración, su vasta memoria y el ser un especial visionario al sacar a la luz varias obras importantes con los que ha alcanzado un lugar de honor en la investigación musicológica e historiográfica latinoamericana.

Son sus libros:

  • Música Cubana. Del Areyto a la Nueva Trova (1981) [extendido a Del areyto al rap cubano. Cuatro ediciones (2013)].
  • Si te quieres por el pico divertir. Historia del pregón musical latinoamericano (1988).
  • Cuba canta y baila, discografía de la música cubana 1898-1925 (1994).
  • Cuando salí de La Habana, 1998-1997: Cien años de música cubana por el mundo (1998).
  • La marcha de los jíbaros 1898-1997: Cien años de música puertorriqueña por el mundo (1998).
  • Cien canciones cubanas del milenio (1999) [Set de discos].
  • Los contrapuntos de la música cubana (2006).
  • San Juan –New York: discografía de la música puertorriqueña. 1900-1942 (2009).
  • Oh, Cuba hermosa!: El cancionero político social en Cuba hasta 1958 (2012).
  • Cien canciones puertorriqueñas del milenio (2000) [Set de discos].

LA COLECCIÓN:

Uno de los pilares más importantes del legado del maestro Díaz Ayala a la cultura cubana y latinoamericana es su colección, donada a Florida International University en el año 2001. Esta colección, iniciada desde muy temprana edad por el investigador, está escrupulosamente organizada con etiquetas, índices, por temáticas y todo orden posible para que facilite futuras pesquisas. Abarca aproximadamente unos 45.000 Lp’s, 16.000 discos de 78 rpm, unos 4.000 casetes, 3.000 Cd’s, 2.500 discos de 45 rpm, 1.000 video casetes, 4.000 partituras, 5.000 libros y revistas, 350 carpetas conteniendo recortes de diarios, revistas, copias, etc, 5.000 fotografías, 40.0000 tarjetas de los archivos de la RCA Victor y otras colecciones, por ejemplo, Reel to reel de su programa Cubanacán, radiado por 10 años en Puerto Rico, etc. Un total de más de 150.000 piezas.

La biblioteca de FIU (Green Library) en conjunto con el Instituto de Investigaciones Cubanos (CRI-FIU) ofrecen anualmente tres becas de viaje para que investigadores de todo el mundo puedan visitar el archivo y tener así acceso directo a la colección. Las bases de este concurso se pueden revisar en el sitio web: http://latinpop.fiu.edu

Cristóbal Díaz Ayala es un auténtico conquistador de sueños. Su labor tranquila y meditativa ha sido la pasión de su vida, una pasión que comparte, desde los 16 años, con la que en aquel entonces era su novia y hoy su esposa, Marisa. Juntos han creado una complicidad profesional y personal sin límites. Su amor por “lo cubano” le ha dado frutos, su nombre está registrado con letras mayúsculas y doradas en la historia de la música cubana. Su infinita bondad nos incluye a todos, pasadas, presentes y especialmente futuras generaciones, que tendrán también el placer de conocer nuestro patrimonio musical, un patrimonio desperdigado por el mundo, desconocido por muchos, pero recogido en su obra con el más grande amor.

Fuentes:

Imagen de cabecera: Cristóbal Díaz Ayala. Foto de V. González